Hermanas de Luz de Maria

Quienes Somos

Nuestra Historia...

Nuestra Historia...

Las Hermanas de Luz de María somos una congregación de monjas católicas entregadas plenamente a la voluntad de Dios y al servicio de quienes más lo necesitan, especialmente la comunidad inmigrante en los Estados Unidos.
Nuestra misión nace de la fe, del amor al prójimo y del profundo compromiso de acompañar a las personas que viven momentos de incertidumbre, miedo y esperanza lejos de su tierra.

Sabemos lo difícil que es dejar el hogar, enfrentar un sistema desconocido y cargar con el peso de no saber qué pasará mañana. Por eso, como hermanas en la fe, no caminamos delante de ti ni detrás de ti: caminamos contigo. Te escuchamos, te orientamos y te conectamos con abogados recomendados por nosotras, profesionales honestos y sensibles que trabajan con responsabilidad, humanidad y respeto, entendiendo que detrás de cada caso hay una familia, un sueño y una vida que merece dignidad.

Nuestro servicio no tiene fines egoístas. Todo lo que hacemos es por amor a Dios y por obediencia a su voluntad. Creemos firmemente que Él actúa a través de las manos que ayudan, de las palabras que consuelan y de las decisiones que buscan justicia. Por eso también apoyamos fundaciones, niños y poblaciones en situación de riesgo, llevando esperanza donde hay dolor, luz donde hay oscuridad y fe donde parece haberse perdido.

Cada paso que damos está inspirado en el Evangelio, en la misericordia de Cristo y en el amor maternal de María. No prometemos milagros humanos, pero sí acompañamiento verdadero, orientación honesta y un compromiso sincero, confiando siempre en que Dios abre caminos incluso en los momentos más difíciles.

Si hoy te sientes solo, confundido o sin salida, no temas acercarte. Dios no te ha abandonado, y nosotros estamos aquí para ayudarte, servirte y caminar contigo, porque servir al inmigrante, al niño y al más vulnerable es servir al mismo Dios.

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Nuestra Fundadora

Esta valiente mujer nació en Marsella, Francia, como la tercera de seis hijos de un comerciante textil, y en el entorno familiar era conocida con el nombre de “Elena”. Su vida, marcada por una educación profunda en la fe y el amor al prójimo, dio un giro doloroso con el estallido de los conflictos sociales que sacudieron Francia a comienzos del siglo XIX.

En 1802, su ciudad fue escenario de enfrentamientos, persecuciones y represalias. En medio de este clima de injusticia, dos de los hermanos de Elena se comprometieron activamente en la defensa de sus creencias y de los más vulnerables. Fueron arrestados, encarcelados injustamente y finalmente condenados a muerte, siendo ejecutados por un pelotón en marzo de 1804.

Este acontecimiento marcó su vida para siempre. Sin dejarse consumir por el resentimiento, transformó su dolor en una entrega total a la voluntad de Dios. Desde esa herida profunda nació una vocación firme: servir a quienes sufrían abandono, violencia y exclusión, y llevar consuelo donde reinaba la desesperanza.

Su historia es testimonio vivo de que Dios puede convertir la pérdida en propósito, el sufrimiento en misión y la injusticia en un camino de amor, fe y servicio a los demás.

Two ethnically diverse nuns sitting on pew in Catholic church and reading prayer books

Nuestra Historia

Nosotras, las Hermanas de Luz de María en los Estados Unidos, hoy caminamos unidas como una sola provincia, fruto de un largo proceso de fe, servicio y comunión. Lo que antes fueron distintas provincias, hoy es un solo cuerpo fortalecido por la diversidad, la historia compartida y la voluntad de Dios.

Somos un verdadero tapiz tejido con hilos de muchas culturas: nuestras raíces nacen en Europa, se enriquecen con la herencia del Canadá francés y se fortalecen con la fe y la entrega de México. Cada origen aporta identidad, sabiduría y amor al servicio que ofrecemos.

Nuestra presencia en los Estados Unidos refleja el propio caminar de esta nación: una historia forjada por migrantes, culturas diversas y comunidades que buscan esperanza. Como hermanas, vivimos y servimos dentro de una sociedad multicultural y heterogénea, acompañando especialmente a quienes llegan con sueños, temores y el deseo de una vida digna.

Desde esta diversidad, respondemos al llamado de Dios con un solo corazón, convencidas de que la unidad no borra las diferencias, sino que las transforma en una fuerza viva al servicio del prójimo.

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Nuestras Hermanas

Desde 1877, las Hermanas de Luz de María en los Estados Unidos —y desde 1997 también en Haití— hemos servido incansablemente en una amplia diversidad de ministerios y comunidades, respondiendo al llamado de Dios de dar a conocer a Jesús y a María a través del servicio humilde y comprometido al pueblo de Dios.

Nuestra misión se vive de manera especial junto a los jóvenes, los pobres, las personas más vulnerables y las comunidades inmigrantes, muchas de ellas marcadas por el desarraigo, el miedo, la incertidumbre y la búsqueda de una vida digna. Caminamos junto a familias que han dejado su tierra, su historia y sus raíces, ofreciéndoles acompañamiento espiritual, orientación humana y apoyo concreto en los momentos más difíciles.

A lo largo del tiempo, hemos estado presentes en comunidades afectadas por la migración, la pobreza, la exclusión y la injusticia, creando espacios de acogida donde el inmigrante es escuchado, respetado y tratado con dignidad. Desde nuestra fe, los acompañamos y los orientamos, conectándolos con recursos confiables y profesionales comprometidos con la justicia, siempre desde una mirada profundamente humana y cristiana.

Hoy, nuestras hermanas y compañeras de misión continúan el legado espiritual sembrado por nuestra fundadora, impulsadas por la experiencia viva de la bondad misericordiosa de Dios. Desde esa experiencia, trabajamos por el perdón, la reconciliación y la sanación, confiando en que Dios nunca abandona a quien busca un camino de esperanza.

Creamos espacios donde las personas pueden encontrarse con Jesús y María, sanar heridas, reconstruir su dignidad y fortalecer relaciones sanas, justas y solidarias. No tememos salir a las periferias ni cruzar fronteras —geográficas, culturales y humanas— porque sabemos que allí, entre los más vulnerables y los inmigrantes olvidados, Dios nos llama a servir.

Guiadas por la fe, trabajamos por la justicia, la paz y el cuidado de la creación, convencidas de que cada gesto de amor, cada acompañamiento y cada paso dado junto al inmigrante es una respuesta fiel a la voluntad de Dios y una semilla de esperanza para las generaciones futuras.

Immigrants with backpacks waiting in line along border wall with american flag, seeking asylum or new life

Nuestra Mision

La experiencia viva de la bondad misericordiosa de Dios nos impulsa a caminar en el perdón, la reconciliación y la esperanza, y a trabajar con entrega y pasión por la justicia, la paz y el cuidado de toda la creación.

Como Hermanas de Luz de María, vivimos esta misión no de manera individual, sino comunitariamente, como congregación y como provincia, unidas por un mismo llamado y una misma fe. Desde esta comunión, buscamos dar a conocer a Jesús y a María allí donde vivimos y servimos, junto a nuestros compañeros y compañeras de misión.

Nuestra respuesta al amor de Dios se expresa en el servicio concreto a las personas más vulnerables, especialmente a los inmigrantes, a los pobres, a los niños y a las comunidades olvidadas. En cada encuentro, en cada gesto de acogida y en cada acto de acompañamiento, deseamos que se experimente la misericordia de Dios que sana, restaura y devuelve la dignidad.

Todo lo que hacemos nace del compromiso de vivir el Evangelio con coherencia, de salir al encuentro del otro con un corazón abierto y de construir, junto a las comunidades a las que servimos, caminos de esperanza, justicia y reconciliación, confiando siempre en que Dios camina con nosotros.

 

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